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{Borondonia}

{ San Borondón siempre es un lugar imaginario. }

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    Fuerzas divinas

    La identidad borondónica no descansa, como erróneamente creen algunos, en la macarronésica atlántica y ultraperiférica, tricontinental y paradisíaca naturaleza de sus ínsulas e insulares. Ser borondonio/a añade un carisma idiosincrático difícilmente encontrable en otras latitudes planetarias, donde ni brumas, ni tribus ni resoles se dan en la misma proporción que en Borondonia.

    Hablando de brumas, espesas son las que rodean a las autoridades eclesiásticas de Borondonia, que son también dos, oriental y occidental. Sabido es que las vírgenes borondonias tienen una estricta jerarquía patronal y patrocinadora, escasamente cuestionada por clero, nobleza y pueblo llano de las ocho ínsulas pobladas con densidad muy desigual.

    El obispo católico de la diócesis occidental, dignidad eclesiástica que tiene el valor añadido de "ser de aquí", de los "nuestros", para más señas nacido en la Borondonia bonita, cuna de abundantes vocaciones católicas y de dignísimas autoridades eclesiales. Nada de eso quita ni pone a la persona episcopal, aunque ayude a atisbar entre los jirones de la bruma borondonia al humano que habla a la periodista con motivo del santo natalicio turronero y alcohólico. Borondonia, por medio de uno de sus obispos, se convierte en foco de la mirada de todo el reino con un contundente y navideño mensaje homofóbico y carca.

    Puestos a opinar, aunque sea tarde, la verdad es que no se entiende tanto revuelo. El obispo ha dicho francamente lo que piensan los católicos al respecto, incluido lo de la pederastia y los "lolitos". Lo dicen todos los días y en cada ocasión que se tercie, sobre todo lo de la "enfermedad homosexual", ese virus del maligno, peor que el tifus, que "perjudica a la sociedad y a las personas". Después de leerlo negro sobre blanco en las páginas de la prensa escrita de la Borondonia Picuda, las organizaciones de homosexuales y otros colectivos lo han denunciado y le exigen explicaciones y rectificaciones. Señal de que en el colectivo cristiano la homosexualidad no es desconocida lo tenemos en el famosísimo e inimitable "Madre, soy cristiano homosexual" de José Ángel. Hay otros testimonios, pero ninguno es tan desgarrador y universal como un hijo y una madre, símbolo del amor donde los haya.

    Pues eso, que en estas fiestas de madre e hijo redentor, de mucho comercio y bebercio, un jirón entre las brumas eternas de Borondonia nos ha permitido retratar la realidad que se oculta tras ellas. Cual príncipe maquiavélico, "Roma locuta, gamba metida", el señor obispo ha tenido sus minutos de gloria. No sé sabe dónde estaba el santo espíritu y su don de lenguas, que no acompañó a monseñor en ese peligroso instante de su vida, enfrentado al maligno cuarto poder, tradicional aliado del satán endémico de estos microclimas.

    El obispo, a nuestro entender, dijo lo que piensa y dice habitualmente su grey o rebaño por él pastoreado. Pero ya no tiene el monopolio de la verdad ni el control férreo de la opinión pública. Las fuerzas divinas, especialmente cuando son insulares y desmembradas, son muy difíciles de domeñar, pues dependen en su intensidad y control de los casi desconocidos poderes de la fe.

    ¿En qué estaría pensando el monseñor borondonio que no se le ocurrió pensar en que si decía lo que pensaba se iba a armar un buen cristo? Las fuerzas divinas parecen requerir urgente asesoramiento en materias constitucionales y de derechos humanos. Que el presidente soriático le preste algún equipo de emergencias ideológicas y mediáticas, por favor.

    Cabe esperar que las murgas más liberales de los carnavales ex-amargos de las Borondonias tengan tiempo de componer alguna letrita alusiva al resbalón bernardiano y a los oscuros y viciosos imaginarios que pueblan su inconsciente.

    2007-12-29 12:50 | 0 Comentarios


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