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{Borondonia}

{ San Borondón siempre es un lugar imaginario. }

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    Ahora, mejores (aún)

    Esto de ser ingeniero del motor del movimiento perpetuo lo que tiene de malo es que no se para nunca. Nuestro bienamado, imparable e incansable presidente tiene ya nanomilimétricamente planificado (y medido y retratado con las novísimas y gordísimas tecnologías de GrafBor) todo el futuro de Borondonia para los próximos 50-100 años. De tal modo, que el último ladrillo, el último coche y la última tuerca para algún tornillo del tranvía supersónico están ya previstos, presupuestados y con sus correspondientes expedientes en marcha. Toda la máquina de la administración borondoniana funciona a pleno rendimiento y las únicas perturbaciones proceden del molesto y minúsculo colectivo del "no a todo", que ya se sabe que son gentes antisistema que, como su nombre indica, dicen no a todo.

    Pues bien, solucionados todos los problemas materiales en Borondonia, de lo que hay que dar gracias a la ardua labor del incansable y exquisitamente equilibrado gobierno bajo su firme timón, nuestro bienamado presidente, en vez de hacer como el creador y descansar en el séptimo día, ha pasado a ocuparse de los problemas espirituales de Borondonia. Agotada la materia, es el espíritu el que requiere solución, planificación y ordenación y a él se dirige la mirada presidencial.

    Me dirán que las incursiones y afanes presidenciales en el terreno espiritual borondonio no son novedad. Es cierto. Ya al comienzo de su glorioso mandato el presidente nos decretó la felicidad y, desde aquel luminoso día, la dicha no ha abandonado ni por un minuto a cada borondonio y borondonia con independencia de su edad, situación socio-económica, estado civil o número de puntos en el carnet de conducir. Pero, una vez hecho el cálculo felicífico, y arrojando éste un saldo positivo al ser igual o mayor que 1, el incansable timonel ha pasado a la siguiente fase del "Proyecto de edificación moral de Borondonia", preparado por sesudos historiadores de la identidad de ambas universidades locales, apoyados por un familiar consulting arquitectónico.

    Dicho Proyecto señala que, una vez lograda la felicidad, el paso siguiente consiste en la excelencia, en ser mejores (aún). Así lo comunica el excelentísimo presidente en la prensa de ayer. Aplicando una técnica de hermenéutica inversa recién aprendida en Stanford, interpretamos de sus palabras que debemos ser mejores y necesitamos un nuevo fuero para lograrlo. Ahora que ya somos diferentes, (incluso podemos admitir como hipótesis operativa que para raros, nosotros) nuestra identidad. se encamina gloriosa hacia el reto de ser mejores (aún). El fuero requerido, el privilegio, radica en seguir castrando la democracia con señoríos territoriales que impiden que cada voto pese igual. Ello permite a los habitantes del sistema político seguir siendo los más chachis, y si ellos son los mejores, es justo y necesario que el resto de ciudadanos y ciudadanas de Borondonia sean también los mejores, pues ellos son demócratas de toda la vida y están donde están porque los han votado democráticamente.

    Así que ya lo saben: en Borondonia desde ahora no sólo somos felices sino también mejores... ¿No sienten como una energía interior? ¿una especie de halo? ¿No empiezan a sentir una mejoría? ¿como que les sube un conato cunicular de excelencia?

    Sigan así, siendo mejores. No escuchen los cantos de sirena de los grupúsculos minúsculos del no a todo. No pregunten en qué somos mejores. No presten atención a estadística alguna que ponga a Borondonia a la cabeza de los rankings de fracaso escolar, de maltrato a mujeres, de carestía de la vida, de bajos salarios y de precariedad laboral, pues aunque sea cierto que somos los mejores en esos indicadores, no hay que olvidar que sólo sirven a los malignos del no a todo. Los verdaderos borondonios vamos ser mejores (aún) y punto. Mejores aún, por ejemplo, en las artesanías de blanqueos napolitanos, pese a que la industria blanqueadora borondoniana tiene ya certificadas todas las normas ISO de calidad, excelencia, innovación y lo que haga falta. Mejores aún en nuestra felicidad, ya de por sí excelsa en estos últimos años exquisitamente equilibrados.

    Buen rollito y pensamiento positivo y único: ser mejores aún. Lo vamos a conseguir. Como recordarán, ya fuimos Gente 10 y Borondonia amable sin esfuerzo alguno, como pueden comprobar en los publireportajes institucionales emitidos en su día por los medios de comunicación. Ahora, es lo mismo, pero mejores aún. ¿No lo entienden, bobitos? ¡Que semos los mejores!


    2006-11-16 10:42 | 0 Comentarios


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