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{Borondonia}

{ San Borondón siempre es un lugar imaginario. }

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    ©2002 chanita

    Inicio > Historias > ¡Devuélveme la momia!

    ¡Devuélveme la momia!

    El señor de las vías, un admirado mandamás de Borondonia que al mismo tiempo es senador en el reino, ha conseguido del Senado del Reino que devuelvan a Borondonia una momia aborigen que estaba en el Museo Nacional de Antropología en la capital del reino. El mencey de las vías la reclamaba como pieza indispensable de la identidad de la Borondonia picuda, para el Museo Arqueológico de la insula. Y lo consiguió.

    El mencey de las vías forma parte de un partido autodenominado nacionalista, que ha hecho suya la legendaria bandera de las siete estrellas verdes con la que saltábamos en los carnavales de la juventud de los 70 y 80, "ay, mamá, bandera tricolor". La de Secundino y la que representaba al nacionalismo anticolonialista borondonio, el que culpa a la metrópoli -y en sus muestras más extremas, culpa a la raza castellana invasora- de todo el mal y todos los males, que desaparecerán como por ensalmo una vez que desaparezca la dominación colonial. Ese era el discurso, hoy un tanto debilitado, del nacionalismo borondonio hasta hoy. Ahora, el nuevo nacionalismo borondonio usa los símbolos, las carcasas, pero debajo hay otra cosa muy distinta al nacionalismo tradicional. Es un nacionalismo de "lo nuestro", que es lo de ellos. Y la metrópoli ya no es la fuente de todo el mal, sino de todo el bien, de toda la pasta que se le va a poder sacar gracias a tener votos decisivos para ejercer el poder. Y en vez de denunciar, como hacen todos los del nacionalismo histórico, la naturaleza colonial de Borondonia, nuestro mencey de las vías protesta porque la momia borondonia está en el Museo Nacional de Antropología con las momias andinas, lo que es "ofensivo", dijo, para el pueblo borondonio ya que trata a Borondonia "como si fuese una antigua colonia española".

    momia guanche


    Total, que la momia se viene para acá, a completar el hueco abierto en la memoria histórica borondonia versión menceyato de las grandes obras. Con ese hueco identitario abierto es normal que en Borondonia se esté en el surrealismo perpetuo, a lo que ayudan las pertinaces brumas que la rodean. Así que la momia, que lleva en Madrid desde 1771, se viene a la Borondonia picuda a completar el patrimonio arqueológico local. Y desaparecerá el testimonio de los aborígenes borondonios en la muestra de la antropología nacional de la que los borondonios forman parte desde el siglo XV. Este nacionalismo de hoy, nacionaleros los llaman también, olvida el papel de Borondonia en el imperio español. Es cuestión de ir corriendo a retratar a la momia antes de que desaparezca del imperio español y se recluya en su tierra natal, cerrando este hueco que había en la identidad borondonia y el patrimonio. "Borondonia nunca fue colonia y esta momia me queda preciosa en mi museo de esencias básicas de la borondoniedad", razona nuestro mencey.

    Ya podemos estar tranquilos. Nuestra identidad está completa gracias a la llegada de la momia. Es cosa de ir al Museo a rendirle honores, como pasa con la Siervita lagunera. Yo me siento diferente desde que he leído la noticia. Gracias, señor de las grandes obras. De lo más feliz me ha hecho la noticia. Como manda nuestro equilibrado presidente, experto en infraestructuras metafísicas y artífice supremo de nuestra felicidad.

    2006-06-16 11:59 | 2 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: Suetonio Fecha: 2006-06-28 01:41

    Enhorabuena por el post sobre "la momia de Melchior". Se agradece un punto de vista crítico a tanto esperpento mediático sobre el tema.



    2
    De: Anónimo Fecha: 2006-07-05 12:47

    La Momia no quiere regresar a Tenerife
    Mc. Gil

    El tiempo había pasado demasiado rápido. La Momia se sentía muy a gustito en el Museo Nacional de Antropología (Madrid) desde el siglo XVIII, hasta que tuvo conocimiento que la Comisión de Cultura del Senado había aprobado su traslado a Tenerife por iniciativa de Ricardo Melchior. Después vino aquella inoportuna visita donde tuvo que soportar los desatinados comentarios del Presidente del Cabildo tinerfeño y de su acompañante, Cristóbal de la Rosa; un psicólogo que desempeña, como debe ser, funciones de director insular de Cultura y que asumirá, a partir de julio, las competencias del consejero de la triste figura ¡Que desgracia para la cultura insular!

    Aquel encuentro trajo a la memoria de la Momia los tristes episodios de su infancia y desempolvó las centenarias luchas experimentadas por muchos “isleños” que tenían por costumbre ir a la mar a por naranjas. Una rebeldía silenciosa, un soplo de libertad en una isla amordazada, que contenía el anhelado sueño de romper por siempre aquellas cadenas caciquiles instaladas desde tiempo inmemoriales en sus peñascos Atlánticos.

    Después de tres centurias, y a más de dos mil kilómetros de distancia, la Momia había superado ya su trauma identitario ombliguista y ejercía con toda naturalidad una condición universal, sin tener que refugiarse en esa panda –“la mafia canaria en Madrid”– que se investía con toga exótica ultramarina para encontrar un hueco en la abierta Corte madrileña.

    Sin embargo, a partir de aquel sorpresivo encuentro, todo comenzó a tambalearse. Cada día que pasaba la Momia se sentía más cansada y aparecían sus primeros problemas para conciliar el placentero descanso al que estaba tan acostumbrada. Después vinieron aquellas horribles pesadillas que le acompañaban incesantemente, donde unas voces singulares se alternaban machaconamente unas detrás de otras.

    – “Te vamos a llevar a Tenerife –le decía Adán, mientras se atragantaba en su lectura con sujetos, verbos y complementos, sin concluir frase alguna–, tenemos el mejor, glug, Museo del mundo; glug, glub, el mejor Auditorio del mundo mundial, glug; [indescifrable]..., glug, el mejor intercambiador, glug, de España, glug, glug..., [indescifrable]... Verás, como ha, glug, cambiado todo, glug, desde que te fuiste. [indescifrable]... Ahora “semos” un Archipiélago, glug, Atlántico, glug, Ultraperiférico, glug, Tricontinental, glug, y Trasoceánico, glug, glug, glug.

    – “Te vamos a construir un chalecito –le proponía Zerolo mientras sonreía picaronamente–- en el García Sanabria, dispondrás de un kiosco en los Carnavales, una concesión comercial y parking en Las Teresitas, un exclusivo puertito deportivo en San Andrés, varias Terrazas nocturnas y, además, te haré socio del Club de Golf...”.

    – “Tendrás un bono vitalicio para viajar en el Tranvía –le susurraba Ricardo mientras debajo de la mesa cruzaba sus dedos– además de gratuidad eterna para acceder al IODAC, me acompañarás a las bodegas, nos vestiremos de magos y te colocaremos en el ITER y en el NAP para desarrollar el continente de tus ancestros”.

    –- “Tu sabes –le decía Paulino en voz baja mientras los demás abandonaban la sala apresuradamente– que yo he sido el único que siempre te he tenido presente. Sabes que he pasado muchas tardes, muchísimas horas leyéndote mis intervenciones parlamentarias, he compartido contigo los dictados de Pepe Carlos y las jugarretas de ese grupito de miserables ingenieros...”.

    Y una vez más, como iba siendo habitual en las últimas semanas, un humeante golpe de sudor y una violenta sacudida de ansiedad le devolvían a su cruda realidad.

    – ¡Uhf, que pesadilla! ¡Qué horror! –exclamaba con cierto alivio pero con indignación–. “Esto no puede continuar así. Debo hacer algo. Está claro. Remitiré una petición de queja al Diputado del Común, que aunque no sirva absolutamente para nada, al menos quedará como testimonio de mi voluntad y quizás el tiempo y la historia condene a quien corresponda".

    Y empezó a escribir: “Estimado Sr. Diputado del Común, me dirijo a Ud. para expresarle mi profundo lamento y malestar por los imponderables sufrimientos que deben soportar mis compatriotas isleños al constatar la calidad política, moral e intelectual de unos representantes que instrumentalizan mañas manipuladoras, victimistas y oportunistas, que califico de indignas, despreciables y que deshonran la memoria colectiva de mi noble pueblo originario. El Sr. Ricardo Melchior se ha atrevido a señalar, sin pudor alguno, que “una momia es el cadáver de un ser humano antes que un objeto de museo, y todo ser humano tiene derecho a descansar en su tierra” y me temo, muy mucho, que sus palabras no se correspondan con sus acciones. Su desvergüenza le ha llevado a decir también que mi presencia en Madrid no se ajusta a “un discurso museístico apropiado, situación que cambiaría cuando esté ubicado en las dependencias del Museo de Tenerife”. En fin, argumentos contradictorios e injustificados que unidos a las referencias directas que dispongo sobre los Museos del Cabildo me hacen más que dudar de sus intenciones. Además, insto y reto al Sr. Melchior que en coherencia con sus propios alegatos proceda a devolver inmediatamente todos los objetos que contienen los Museos del Cabildo de Tenerife y que pertenecen a otras islas hermanas como las de El Hierro, La Gomera, Lanzarote y Fuerteventura, además de las restituciones a sus lugares de origen de las importantes colecciones de arte precolombino (cerámicas, vasijas y otros elementos pertenecientes a la cultura Tumaco de Ecuador, de Colombia, México, Perú, etc.); la colección de Cerámica Bereber (las más de sesenta piezas procedentes de ocho zonas distintas del Atlas Marroquí, Fez, Tazzeka, Azrou, Beni Mellal, Orica, Tazzarine, Asni y Marrakés.), las colecciones africanas de Costa de Marfil, Alto Volta, Ghana, Togo, Malí, Congo, Senegal, Nigeria, Mauritania, Gambia y Sudáfrica (entre las que destacan las piezas trabajadas en madera: representaciones humanas y animales, máscaras así como colgantes, pulseras, anillos, pendientes y aros para las orejas, brazos, piernas y tobillos, fabricados en oro, plata y bronce...), etc., etc.

    Sobre el ínclito psicólogo de la cultura tinerfeña, Cristóbal de la Rosa, que decirle. Esta lumbrera entre otras incongruencias, que soslayaré por obvias, ha señalado que “el Museo Arqueológico de Tenerife ofrecerá a este antepasado mejores condiciones de conservación y el respeto adecuado, ya que no es una vasija de barro para ser expuesta como una curiosidad, sino un ser humano que en nuestras instalaciones recibirá el contexto, la dignidad y el respeto que se merece". Que yo sepa, Sr. Diputado del Común, muchos especialistas han afirmado que soy la mejor momia conservada y supongo que en ello algo tendrá que ver el trato que he recibido del Museo Nacional de Antropología. En fin, que le traslado mi preocupación y repulsa por la actitud de unos mandarines que perturban mi secular tranquilidad para justificar sus incompetencias y que me utilizan como recurso mediático a través del victimismo de una cultura a la que siempre han despreciado y a sus acciones me remito. Por tanto, es mi deseo que se respete mi decisión de exiliado político ante el desolador panorama que presenta ese Archipiélago. Sin otro particular, le saludo afectuosamente.



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